Primera feria gastronómica medieval.

El alumnado de 2º de ESO nos transporta a los sabores de la época medieval a través de su narrativa «Saborear: saber y sabor».

El Nuevo Contexto de Aprendizaje nos tenía preparado un gran reto en la 4ª narrativa de 2º de la ESO. 

Por fin veíamos claro que nuestro alumnado iba a ser el verdadero protagonista de su aprendizaje, puesto que les tocaba la interesante aventura de recrear platos típicos de la Edad Media. Alguno y alguna no había pisado la cocina más que para calentarse la cena en el microondas, pero tras este reto, han visto que la cocina también es un territorio que pueden y deben explorar. 

Para que esto fuera posible, primero había que hacer un acercamiento teórico al contexto social de la época donde convivieron tres culturas: cristianos, judíos y musulmanes. Una vez comprendido esto, había que repartirse el menú ya que queríamos que las tres culturas estuvieran presentes. Cada grupo tuvo que preparar o un plato salado, un plato dulce o pan, de tal forma que pudiéramos tener distintos «manjares» para probar. Y sí, aunque algunos tenían fallos, para ser estudiantes de 13 años no nos podemos quejar, porque todos los platos estaban bastante bien elaborados.

Como en casi todas las narrativas del NCA están presentes las distintas asignaturas, interactuando unas con otras: calcular las medidas y las proporciones a través de las matemáticas, entender los alimentos desde física y química, crear físicamente unos platos y decorarlos desde plástica, trabajar con los sentidos desde lengua castellana, entender qué es una receta y aprender cómo elaborarla utilizando las distintas lenguas… Todo cabe y todo tiene sentido si lo vas desarrollando armoniosamente y con mucha paciencia.  El alumnado investigó el origen de su receta para poder exponerlo en la feria en castellano, redactó la receta en inglés y supo contarla tanto en inglés como en euskera. Diseñaron unos bonitos murales para que los visitantes pudiéramos comprobar lo trabajado. 

Y, por supuesto, tuvimos la suerte de poder degustar lo que habían cocinado ellos mismos en sus casas con mucho «amor», como decían a la hora de contarnos cómo había sido la elaboración. 

Algunas familias pudieron acercarse a ver a sus hijos e hijas en acción, defendiendo muy bien sus recetas y la cultura a la que pertenecían. 

Demostraron así haber trabajado a lo largo de dos semanas a conciencia para poder exponer con nota delante de sus compañeros, profesorado y familiares lo que habían aprendido. 

Está claro que la gastronomía es un bien cultural y que estos adolescentes lo han descubierto. Ya sabemos que, bajo supervisión, son capaces de preparar el manjar blanco, buñuelos, kibbe, babka, rugelach o pastelitos de miel entre otros. Preguntadles, preguntadles, que ellos mismos querrán contaros lo que han aprendido y disfrutado cocinando.